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Andreas Möller // Foto: Twisted Blood |
Hace un par de días, me encontré con una foto de Andreas Möller en Facebook. Ya no recordaba al capitán de la selección Alemana que ganó la Euro 96. La de Inglaterra, la del “football’s coming home”… la primera competición de naciones que recuerdo nítidamente.
Aunque yo ya andaba por el mundo mientras se celebraron el
Mundial del 90 y del 94 o la Euro del 92, la de 1996 es la primera en la que
recuerdo sentarme a ver partidos, recordar nombres, descubrir jugadores,
equipos, estadios… todo aquello era nuevo para mí.
Recuerdo que me gustaba mucho, y lo siegue haciendo, la
camiseta que lucía la selección inglesa.
Además, jugaban en casa, y además ellos habían inventado el football.
Aquello tenía muy buena pinta. Se me quedaron muchos nombres de ese equipo en
la memoria. Los Paul Ince, Seaman, Shearer, Sheringham…
También recuerdo a la Francia de Lourent Blanc, y sobre
todo, para mí de Youri Djorkaeff. Me encataba cómo jugaba ese tipo que me recordaba
barbaridades a un amigo de aquella época. Recuerdo a Portugal, con Figo.
La excitación ante tantas novedades en un chaval de siete
años fue considerable.Recuerdo que
jugaban varios partidos casi todas las tardes. Imagino que debería ser muy
difícil despegarme del televisor aquellas tardes.
A pesar de que aquella Euro se disputó en muchos campos
memorables como Old Trafford, Anfield Road o el City Ground de Nottingham, a mí
me encantó Wembley. Existía una atmósfera distinta, más apasionada, más “futbolera”.
Y allí fue donde empezó todo con el partido inaugural, Inglaterra 1, Suiza 1.
Tardes de football, de corregir a mis abuelos, “no es
Checoslovaquia, es República Checa”. Yo no lo veía tan difícil. Además, unos
tíos míos habían viajado a Praga unos meses antes de antes. También mi padre
había viajado ese mismo año. A Alemania. A Stuttgart más concretamente. Así que
ante la eliminación de España en cuartos, por penaltis, frente a Inglaterra,
aquellas dos selecciones pasaron a ser mis favoritas para el torneo.
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Jurgen Klinsmann // Foto: BundesligaClassic |
Se me quedaron tres nombres grabados: Bierhoff, Möller y
especialmente, Klinsmann. Menuda sorpresa los años posteriores al descubrir a
Klinsmann en el Bayern y a Möller en aquel maravilloso Borussia Dortmund, del
que hablaré en un futuro. En aquel equipo campeón también había jugadores de la
talla de Mehmet Scholl, Mathias Sammer, o Oliver Kahn.
Alemania pasó sin problema alguno la fase de grupos. Ganó
por dos tantos a cero a la República Checa y a Rusia le metió tres, empatando a
cero en el último partido frente a Italia. Balance de cinco goles a favor y
ninguno en contra.
El primero en perforar la meta teutona fue Davor Suker,
empatando el partido de cuartos de final en el minuto 51 para Croacia, aunque
tan sólo ocho minutos después, Sammer volvía a adelantar a los alemanes para
ganar el partido y pasar a las semifinales, donde se enfrentarían a Inglaterra.
¡Aquello iba a ser un partidazo! Me llamó mucho la atención que una de las noticias
más destacadas los días antes del partido fue que Inglaterra luciría su segunda
equipación, ya que Alemania jugaría de blanco por su condición de “local” en
aquella semifinal. Yo no entendía a qué venía tanto alboroto, pero imagino que en un afán de buscar
curiosidades y hechos que motivasen a sus jugadores, los ingleses se acordarían
de la final del mundial del 66 disputada en Wembley en la que Alemania jugó de
blanco e Inglaterra utilizó una camiseta roja. El partido se volvió a disputar
en Wembley, pero esta vez Inglaterra vestía de gris. Sí, era un uniforme feo,
la verdad.
Éste era el ambientazo previo a
aquella semifinal. Los ingleses estaban extra-motivados, la posibilidad de
conseguir un nuevo título en casa era palpable, además las cosas empezaron muy
bien para ellos ya que Shearer marcaría el primer gol del partido a los tres
minutos de juego. Kuntz empataría trece minutos más tarde para Alemania y el
marcador no se vería modificado. De nuevo, como estaba ocurriendo en la mayoría
de eliminatorias de aquella Eurocopa, las cosas tendrían que decidirse en la
prórroga o en la tanda de penaltis. Y poco, muy poco faltó para que Gascoine,
eliminase a Alemania en la prórroga. Aquella Alemania que les había eliminado
seis años antes en la semifinal del mundial de Italia 90, estaba a su merced.
Tras una recuperación cerca del área alemana, los ingleses colgaron el balón al
área y un centro raso superó al guardameta Köpke, Gascoine sólo tenía que
estirar la pierna y empujar la pelota desde el área pequeña. Pero no fue así,
el mítico delantero inglés no pudo alargar la pierna lo suficiente y el balón
pasó rozándole los tacos y perdiéndose
por la línea de fondo.
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Alemania antes de enfrentarse a Inglaterra // Foto: Mirror Football |
Así pues, el partido tuvo que decidirse desde los once
metros. En la tanda, llovieron los goles, Hässler, Strunz, Reuter, Ziege, Kuntz
anotaron para Alemania mientras que Shearer, Platt, Pearce, Gascoine y Sheringham
lo hicieron para Inglaterra. Era el turno de Southgate. Su disparó hacia su
lado izquierdo salió demasiado centrado y Köpke acertó en su estirada, parando
el balón. Möller anotó y Alemania eliminaba a Inglaterra para meterse
encontrarse en la gran final a la República Checa, a quienes ya habían vencido en la fase de
grupos.
Esta vez, los chechos no se pusieron tan fácil al
adelantarse en el marcador con un gol de penalti de Berger en el minuto 59.
Pero cómo dijo Gary Lineker, “el football son once contra once y siempre gana
Alemania”. Bierhoff empataría en el 73 rematando de cabeza una falta lateral, y
en el 95 se convertiría en héroe nacional al recibir de espaldas en la frontal
del área, proteger el balón con su cuerpo, girarse y disparar un fuerte disparo
que Kouba, el guardameta checo, no logró bloquear y tras golpear el esférico,
éste se introduciría en la portería dando la victoria y la Eurocopa a Alemania.
Desde aquel verano, siempre he sentido una especie de cariño
hacía la selección teutona. Probablemente no realizaron un gran juego, de
hecho no fue el mejor combinado alemán ni por asomo, pero sí que fue la primera
selección que, de alguna forma, me enseñó a disfrutar del football a nivel
internacional. Sin que jugase mi equipo, sin esos nervios ni esas ganas de
triunfo, sino con deseos de disfrutar y admirar esos mismos sentimientos en
otra gente. La primera Eurocopa o el primer mundial que recuerda uno, le queda
marcado de una forma u otra, y a mí me sucedió esto con la Euro96 y con la
Alemania de Klinsmann y Möller.
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Klinsmann levanta la copa ante la reina Isabel |