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Estadio Castelao, en Brasil. // foto: jammedia |
Las ganas de vivir momentos históricos,
de conocer jugadores nuevos, de ver en acción a selecciones
desconocidas, de ver grandes potencias mundiales enfrentarse entre
sí, los cuatro años que pasan entre una edición y la siguiente da
un atractivo superior a las Eurocopas y a los Mundiales. Los ojos de
los aficionados de todo el mundo se centran durante un mes en el país
que alberga una de estas competiciones. Es la oportunidad para que el
football de dicho lugar, se de a conocer: Sus ciudades, sus
aficionados, su cultura, su historia, sus... ¿estadios?
Sí. Es una pregunta. Era una gozada
ver encuentros internacionales en Anfield
o el antiguo Wembley
en la Euro 96, en el Velodrome
de Marsella o el Geoffroy-Guichard
de Saint Etienne en Francia 98. El mítico España-Yugoslavia en
el Jan
Breydel de Brujas en la Euro 2000. Partidos disputados en
estadios históricos del país que organizaba la competición. Era un
uno de los puntos fuertes. Era mezclar las aficiones de las
selecciones con un escenario “natural” del lugar.
Ya para el Mundial del 2002 o la
Eurocopa de Portugal en 2004 se construyeron muchos estadios
especialmente para la competición. Al menos, algunos guardaban
cierta estética con el resto de campos, pero desde Alemania 2006, se
ha venido produciendo una especie de “uniformización” de los
estadios. Todos similares, tanto por fuera como por dentro. Las
mismas dimensiones, la misma apariencia, el mismo muro que separa la
primera fila del terreno de juego... Es complicado diferenciar el
Allianz
Arena del PGE
Arena de Gdansk, o el Nelson
Mandela Bay Stadium y el de Porto
Alegre.
Ya no son los aficionados y hosteleros
los que se alegran cuando su país es el elegido para albergar una
competición de estas características. Los gobiernos y las
constructoras son ahora los que se frotan las manos viendo el dineral
que pueden sacarse, muchas veces, de dudosa legalidad.
Vimos en la Euro 2012 y vemos en la
copa confederaciones de Brasil como los estadios estaban por terminar
a pocos días del inicio de la competición. ¿Es necesario levantar
nuevos estadios? ¿Para qué? Es muy poco probable que en Sudáfrica
vuelvan a llenar sus estadios como lo hicieron en la copa del mundo
de 2010, ¿por qué no jugar la competición en los campos con los
que se contaba previamente? Está claro que muchas federaciones se
verían obligadas a retocar sus estadios para lograr que cumpliesen
con todas las normativas, pero se conservaría la estética y sería
mucho más práctico. Supondría una ligera mejora de las
instalaciones, y los clubes locales podrían aprovecharlo sin tener
que trasladarse a un monumento faraónico que perdería su razón de
ser una vez acabada la gran competición.
Arquitectónicamente, estas nuevas
instalaciones pueden ser más modernas y cómodas, pero todo lo que
significa para el football, el Olímpico
de Múnich o la estética del Santa
Cruz del Botafogo, dotaría de un mayor grado de épica e
historia a la disputa de una Eurocopa o un Mundial, y un mayor
satisfacción para jugadores y aficionados.